El banco central de Estados Unidos, la semana pasada, redujo 0,25 por ciento las tasas de interés de corto plazo, por séptima vez en los últimos ocho meses. La razón descrita, en el siempre parco comunicado anunciando la medida, es que sigue débil la actividad económica. Como responsables de la debilidad fueron identificados el gasto moderado de los consumidores y de las empresas, el mercado laboral blando, la tensión en los mercados financieros y la escasez de crédito, a la par de la agudización de la contracción del mercado de vivienda.
Varios indicadores revelados durante la semana confirmaron la desaceleración, aunque todavía no la recesión. Por segundo trimestre consecutivo, el crecimiento económico fue de apenas 0,6 por ciento, mientras que por cuarto mes consecutivo, en abril, se perdieron 20,000 empleos y el consumo aumentó un magro 0,1 por ciento.
Aún así, debido a los aumentos en los precios de los alimentos y de los combustibles, el banco central reconoció que el panorama inflacionario es altamente incierto. No obstante, espera que, durante los próximos trimestres la inflación será moderada, debido a la nivelación de los precios de los energéticos y de otras materias primas.
Aunque la reducción de 0,25 por ciento en la tasa de interés reveló que hay mas preocupación por el crecimiento que por la inflación, mirando hacia delante, los analistas interpretaron que habrá una pausa en las reducciones de la tasa de interés. Porque la Reserva Federal espera que la política monetaria expansiva, así como la liquidez que le ha proporcionado a los mercados financieros, promoverán un crecimiento económico moderado. Por consiguiente, exceptuando sorpresas mayores y este es un supuesto heroico, la expectativa todavía es que habrá un aterrizaje suave, o si mucho una recesión leve y breve.
Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de CNN en Español TV y radio
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